Todavía quedan fotografías -unas menos borrosas que otras- de aquellas noches en las que el humo artificial, el delineador corrido y el ruido post-punk parecían tragarse el amanecer inglés. Y es que, antes de que el goth se volviera una subcultura, ya existían sótanos llenos de criaturas extrañas buscando un lugar donde perderse entre melodías crudas y desaparecer juntos.
The Batcave, escondido dentro de Gossips sobre Dean Street, en el barrio del Soho londinense, fue uno de esos primeros refugios nocturnos para toda la gente "rara" que comenzaba a oscurecer la música underground desde inicios de los ochenta.

Su lema era No Funk No Disco, y más que un simple club, terminó convirtiéndose en un punto de convergencia de jóvenes británicos fuera de las tendencias, principalmente glam kids y entusiastas del creciente post-punk. Pero no pasó mucho tiempo para que el goth -que en ese momento todavía no estaba del todo definido como etiqueta- comenzara a reclamar su lugar y tomar forma física entre maquillajes corridos, deathhawks, vestimentas de cuero, encajes, cadenas plateadas y peinados que desafiaban la fuerza de gravedad. De hecho, de ahí surgió el término "Batcaver", usado para describir a estos chicos de estética lúgubre que frecuentaban el lugar.

Fue abierto en julio de 1982 por Ollie Wisdom, vocalista de The Specimen, la banda residente, desde luego; mientras que la dirección artística estaba a cargo de Jon Klein. Originalmente sonaba más el glam rock y la new wave, también ocurría cabaret y todo tipo de art performance, pero como les decíamos, rápidamente las vestimentas negras, el cine de horror y las exposiciones ojivales fueron dominando el ambiente, por lo que la decoración del lugar también cambió: aparecieron las mantas negras colgadas en las paredes y los techos, las telarañas, el humo, maniquies incompletos, visuales en 8mm, jaulas colgantes y una entrada principal tipo ataúd. Todo muy DIY, desde luego… todo muy deprimentemente teatral.
¿Lo mejor de todo? El acceso era muy barato, como recuerdan varios testigos y periodistas locales de la época.

Entonces comenzaron a aparecer los grandes nombres que terminarían de darle su grado de culto a este club. Ahí sonaban o se daban sus vueltas los Alien Sex Fiend, Sex Gang Children, Nick Cave, Robert Smith, Siouxsie Sioux, Bauhaus y Marc Almod, entre otros. Todos ellos hacían de aquellas noches un pequeño rincón del UK donde el horror barato, la oscuridad sin causa aparente, amplicifcadores sudados y los sintetizadores perturbados por las guitarras eléctricas terminarían de darle forma a una de las postales más decadentes y fascinantes que dejó el underground británico.

Pero como dicen por ahí: todo lo que alguna vez inicia, tiene que acabar… y lamentablemente la existencia de Batcave fue muy corta, al menos tal como se lo conocía. Eso sí, su gran impacto en la definición y desarrollo de la subcultura goth es incuestionable porque, estrictamente en lo músical, impulsó de manera importante -al menos visual y atmosféricamente- la escena que en ese entonces ya se estaba extendiendo a Leeds y Manchester.
Quizá por eso todavía existen tantas fotografías desenfocadas, flyers húmedos y recuerdos deformados de aquellas madrugadas; porque aunque el lugar desapareció hace décadas, algo de esas noches sigue atrapado entre vinilos polvosos, chamarras negras y generaciones enteras que todavía encuentran en lo extraño algo de belleza torcida. El Batcave no creó el goth desde cero, pero sí contribuyó a darle identidad y refugio a toda esa oscuridad que estaba dispersa en lo subterráneo del Soho, y la hizo socialmente reconocible.



















