De la escena punk suiza debemos destacar lo que con furia y filo hace Anger MGMT. En su nuevo disco de estudio, Anger is Eternal, vemos una evolución notable a sus anteriores entregas, y ahora expanden su sonido sin perder su furia fundamental y el origen crudo y sotanero.

Son 11 tracks que cobran su fuerza principalmente de sus guitarras rasposas y cargadas de electricidad sucia, y una voz áspera que respira en el ADN más punketo que una banda moderna pueda concebir. Sus ritmos son contundentes y de repente encontramos melodías muy pegadizas, con bueos ganchos que atrapan violenta y efectivamente al oyente.
Detectamos ese espíritu combativo, la libertad rebelde y esa sensibilidad bizarre en su narrativa lírica, títpica de un grupo de artistas que muerden lo necesario para romper sus ataduras y deslindarse de los convencionalismos sociales, mediante la explotación de la ansiedad, la depresión y la desolación de experiencias personales como catalizadores de procesos de resurrección emocional.
Al final, lo que queda de esta experiencia catártico no es una desgarga ni una redención limpia. Es, más bien, un pulso constante e incómodo que no se apaga, que late bajo la piel como si no quisiera asentarse del todo. Este grupo suizo no cierra heridad porque prefiere dejarlas abiertas lo suficiente para que las respuestas salgan de ellas, sangrientas, con dolor, como parte de un proceso de cicatrización que se suavizará con el ruido.











