B-side

Pocas canciones en la historia de la música alternativa han sido tan decisivas y extrañamente influyentes como "Bela Lugosi’s Dead". Esos casi 10 minutos (algo rarísimo para un single debut) de bajos espectrales, baterías influenciadas por el reggae y guitarras dub de Bauhaus crearon una atmósfera inquietante sin quererlo -o al menos no de manera seria inicialmente- y abrieron un nuevo universo sonoro que fundaría toda una escena.

Cuando Peter Murphy, Daniel Ash, David J y su hermano Kevin Haskins entraron a los estudios Beck en Weelingborough en enero de 1979, no se imaginaron que no solo redefinirían el creciente género post-punk, sino que también le otorgarían su punto de partida con un rostro visible al rock gótico moderno. Al principio su composición fue un juego, incluso era motivo de bromas entre la banda, pero la sensibilidad y teatralidad lúgubre en el resultado del experimento rápidamente cambió su estado de ánimo. En prácticamente una sola toma en su única sesión, convirtieron en este ritual sonoro en un refugio para quienes buscaban en la época otro tipo de belleza en la penumbra.

Es verdad que poco antes ya habían surgido varios proyectos musicales con sonidos oscuros muy interesantes, como Joy Division, The Cure o Siouxsie and the Banshees que fueron claves en el denominado proto-goth, pero este sencillo de Bauhaus reunió por primera vez el sonido, la estética y el performance con que se identifcaron -y siguen identificándose- los melómanos góticos. Y todos esos artistas también se vieron beneficiados por su auge, desde luego.

Parte de la fuerza sombría más obvia de la cancón radica en el actor húngaro que imortalizó a Drácula en el cine de 1931, y cuya figura quedó ligada para siempre al horror clásico, pero sus influencias van aun más allá: desde el expresionismo alemán, el dadaísmo, el vampirismo y la obra del poeta y dramaturgo Antonin Artaud, así como algunos géneros musicales encontrados, Bela Lugosi está muerto cobró una identidad completamente distinta para su tiempo… parecía venir de otro lugar, por eso su impacto cultural fue inquietante y enorme.

Su versión original no fue compartida al principio, en cambio surgieron unas mezclas que el sello Beggars Banquet hizo sin permiso de sus autores, quienes las odiaron, por cierto, en especial una que se llamaba "Frankestein version" -que fue la que la mayoría de los fans escucharon primero en aquellos días. No fue un éxito inmediato, claro está, pero con el paso del tiempo y rescatando el espíritu de su sesión original que luego todos pudimos escuchar, y gracias también al impulso que tuvo por su aparición en el clásico filme de terror erótico The Hunger (Tony Scott, 1983), el track adquirió con el tiempo su irreversible grado de culto.

 

The bats have left the bell tower. The victims have been bled…

 

Hoy en día, no nos importa – y lo decimos muy respetuosamente- si a Peter Murphy le moleste un poco que lo vinculen con la etiqueta "goth", porque este sigue y seguirá siendo por siempre uno de los máximos (si no es que el más grande) himno de esta subcultura, al menos desde una perspectiva alternativa. Su oscuridad minimalista, ese romanticismo en ruinas, las imágenes flores muertas, muerciélagos abandonando el campanario y mujeres vírgenes frente a una tumba desdibujaron con una sensibilidad hipnótica el arte decadente y lo hicieron un mantra sonoro que parece surgir de un ataud directo al imaginario nocturno de generaciones enteras de fans.

Muchos de esos melómanos ojivales la consideran el origen de todo, otros más la catalogan como la "proto-canción" que ayudó a abrirle camino al rock gótico, aunque su verdadero mérito está en crear una atmósfera funeraria que todavía todos siguen queriendo replicar por completo. Pocas veces una pieza tan accidental terminó con un impacto tan profundo; prácticamente se convirtió en parte fundamental de la mitología goth.

 

 

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