Nacido entre el encierro post-pandemia, cambios de ciudad y una necesidad urgente de volver a hacer ruido, Station Model Violence surge como una criatura densa y caótica alimentada por krautrock, punk y un poco de psicodelia. El proyecto australiano reúne restos de bandas pasadas, demos descartados y canciones reconstruidas bajo una energía cruda pero muy calculada, como si Neu!, Crisis y el espíritu más inquieto del post-punk se encontraran perdidos en un verano pegajoso de cerveza, sudor y distorsión.
En su primer elepé, homónimo, nos encontramos con 10 tracks densos, hipnóticos y magnéticos. Tenemos guitarras de doce cuerdas, pulsos motorik, saxofones espectrales y explosiones de caos bien canalizadas con tal de encontrar una nueva manera de presentarnos un duelo abierto de nostalgia contra la ansiedad. Por eso, en general el álbum se siente como un motor apenas oxidándose -pero súper funcional- soñando con luces mientras alguien rompe botellas en otro cuarto.
Acá le podemos dar play:











