Haga 187, uno de los proyectos de música minimalista más exóticos de Europa que hemos escuchado recientemente, ha lanzando su nuevo disco de estudio: Good Old Days. Su sonido es gris, no oscuro; es lento, no cansado; es simple pero complejo. Es una dualidad cautivadora y no de sencilla explicación.
En esta ocasión, este acto comandado por un solo hombre de Países Bajos nos entrega nada menos que 20 canciones que flotan, caminan y avanzan en una línea distorsionada del tiempo, en la que la repetición y la cadencia se abrazan y cobran nuevas formas.
Este no es un álbum para entenderse de inmediato, funciona mejor si lo dejas transcurrir para respirarlo alrededor. Es como niebla sonora que se intala con calma y termina volviéndose parte del paisaje:











