El post-punk, el minimalismo y la dark wave se funden con Vampire Valentine, un nuevo y lúgubre proyecto inglés de colmillos lentos y pasos medidos, que hacen de su arte sonoro un modo de seducción que no se anuncia en la noche y aparece como ritual.
Su primer elepé, Dry Remains contiene nueve canciones que trazan arcos góticos en la penumbra. Son melodías sin reflejo, hechas con sangre fría y una devoción notable a las tinieblas.
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