En México hay una marea de ruido sucio y distorsionado que raspa como lija y te somete como droga. Es la música de un nuevo acto musical, en la senda shoegazer, llamado Celeste Siamés.
En su primer disco largo, relicario, este grupo de Ciudad Obregón trata de envolvernos con cadencia hipnótica, donde la melodía florece entre la nostalgia, el amor y la confusión. Son 10 rolas como torbeillons abrasivos de ecos y texturas predegosas, con guitarras que chirrían para tocarte los tímpanos y arrastrarte por el suelo sin pedir permiso.
¿Le damos play?











