Friendship Commanders no es una banda más de heavy-alt rock y metal en estilo stoner, dicen por ahí. Estos chicos de Nashville suenan tan sólidos y ruidosos que sus rolas accesibles suenan con garra, combativas y dramáticas.
Desde hace unos años han rugido con fiereza, entre riffs eléctricos y armonías abrasivas que suenan crudas y vitales, como si se tratara de descargas directas al corazón. Combinando ruido y melodía en un mismo aliento, sus guitarras son como relámpagos y sus líneas de bajo sacuden la tierra. La voz, por su parte, entona con energía salvajemente seductora, imposible de ignorar.
En estos días están promoviendo el lanzamiento de su nuevo elepé, BEAR, tan poderoso como adictivo. Es un mundo donde lo alternativo se vuelve himno y las distorsiones someten a placer.
Este espíritu indomable ya se ha exhibido antes en sus anteriores producciones. Siguen una línea que, lejos de repetirse, se reinventa en cada edición. Es como si el grupo expandiera sus paisajes sonoros, intensificando sus contrastes y sumergiéndose cada vez con más valentía en el barro de su propuesta sonora.
Freidnship Commanders han confirmado que no solo son parte de una escena creciente de heavy-alt desde lo subterráneo, sino que también se han ganado un lugar propio con un eco que no pide permiso ni perdón.











