B-side

La leyenda dice: Soda Stereo tocando en vivo en una fiesta de XV años en el patio trasero de una panadería en Ecatepec de Morelos, Estado de México. Parece una crónica escrita por el guionista más inspirado del México noventero, ¿a poco no? Durante muchos años, esta anécdota medio distorsionada se ha contado -por fans, periodistas y diversos medios de comunicación- como una de esas pequeñas leyendas del rock de habla hispana que parecen muy absurdas para ser ciertas. Pero el show sí ocurrió. Lo que hay que revisar son todos los detalles alrededor.

Como todas las historias que adquieren su propia vida, con el paso de los años algunos elementos terminan mezclándose con mitos, recuerdos difusos, rumores o incluso bromas, entonces las versiones de segunda mano se van convrtiendo en verdad irrefutable para muchos. Vaya, es como coloquialmente se dice en México: "ponerle crema a los tacos". Y justo eso pasa con la historia de Soda Stereo en Ecatepec.

La versión alterada más conocida es que los argentinos -ya con fama de sobra- llegaron a la colonia San Cristobal en marzo de 1993 para tocar en la celebración del cumpleaños de la hija del dueño de una panadería. El escenario habría sido el patio de este negocio, donde Gustavo Cerati, Charly Alberti y Zeta Bosio montaron un show privado frente un puñado de invitados. Bastante surrealista, ¿cierto?

La verdad es que sí ocurrió más o menos así, pero vamos indagando mejor en el contexto, retomando los testimonios de algunos asistentes y, más importante aun, de los organizadores del evento.

Primero hay que tomar en cuenta los antecedentes. El disco que se promocionaba en esos días era Dynamo (’92), sucesor de Canción Animal (’90) que había dejado con muy poco presupuesto a la banda. Entonces esta gira nueva, al menos en México, tenía que ser más austera; de hecho, su primera presentación en este país fue en una discoteca en Cancún, y muchos de los shows en Monterrey, Mexicali, Tijuana, Tampico, Puebla y D.F. (hoy CDMX) sucedieron en espacios reducidos (como la Universidad Intercontinental, por ejemplo), salvo los de las noches del Gimnasio Olímpico Juan de la Barrera.

Alex Romero, parte del equipo productor del concierto en Ecatepec, recordó en una entrevista para La Hemeroteca que mientras estaban programando un show de La Lupita, los mismos representantes les bajararon el nombre de Soda Stereo como una propuesta de último minuto, ya que quedaba una fecha libre en su tour por tierras aztecas (que ya había comenzado para ese entonces, por cierto). Romero dice que no dudaron ni un segundo en aceptar por más aventurada que pareciera la decisión, pues no contaban con el suficiente tiempo, dinero y experiencia para organizar un evento de una banda de esta magnitud, tan así que consideraron echar abajo a La Lupita para enfocarse completamente y, además, poder ajustarse al presupuesto.

Entonces acá viene el primer cruce de la realidad con el mito: uno de los socios de Romero era propietario de un salón de eventos llamado Ángel y propuso el lugar para llevar a cabo el show, a pesar de que se usaba principalmente para fiestas de cumpleaños, bodas y graduaciones; y justo al lado de ese edificio estaba una panadería propiedad de la misma persona (y donde también tenía su casa), que tenía el mismo nombre: Panadería ‘Ángel’. Entonces ya podemos olfatear de dónde surge la confusión, ¿cierto? Pero hay más.

Por la premura, se improvisaron algunos flyers y carteles pequeños (que tenían un croquis para ubicar el lugar) que se pegaron en los postes y bardas en las calles, además de que lanzaron unos spots en las radioemisoras. Este tipo de promoción no cuadraba con la grandeza de la banda argentina, por eso todo seguía siendo muy extraño. Así lo recuerda una de las asistentes, Eloisa Gómez, fundadora de uno de los clubs de fans de Soda en México y conocida también como la "Fan 0". Ella dice que se ganó su entrada en una trivia que escuchó y contestó con facilidad en la radio, pero lo hizo pensando que todo se trataba de una broma. Incluso cuando llegó el día del evento y estaba formada en la fila de entrada afuera de aquél jardín de fiestas, todavía tenía sus dudas, como la gran mayoría de los asistentes incrédulos que estaban llegando.

Por su parte, Eduardo "Wady" Rodríguez, encargado de la logística y producción de los shows de Soda, recuerda que al llegar unas pocas horas antes a el Ángel también se sacó de onda muchísimo, pues no era el venue habitual para un concierto de rock, tampoco parecía un club underground en la ciudad.

Hay que tomar en cuenta que, según testimonios, este salón de fiestas tenía plagadas sus paredes de fotos de los  eventos que antes se habían realizado ahí, lo que reforzaba la idea de Wady en que todo era un error. De eso se aprovechó Alex Romero, quien bromeando le dijo que debía estar tranquilo, todo estaba en su lugar, pues se trataba de los XV años de la hija del propietario, es decir, del dueño de la panadería de al lado que había contratado a la banda como un regalo especial, pero al parecer no muchos en el staff captaron el sentido irónico y rápidamente se esparció esta versión entre ellos.

Entonces llegó la hora. Ante poco más de 150 asistentes (malditos afortunados), el 21 de marzo de 1993, luego de entrar por una puerta lateral para ingresar al lugar entre charolas de pan y máquinas industriales, y de usar una habitación de la casa del propietario como camerino, Cerati, Bosio y Alberti comenzaron un show con un setlist que, de acuerdo al registro de setlist.fm, se extendió hasta las 20 rolas que resumieron todas las fases sonoras por las que habían pasado en su carrera hasta entonces:

  • SET:

  1. 1. En remolinos

  2. 2. Primavera 0

  3. 3. Secuencia inicial

  4. 4. Juego de seducción

  5. 5. Un millón de años luz

  6. 6. Camaleón

  7. 7. Signos

  8. 8. Luna roja

  9. 9. Toma la ruta

  10. 10. (En) el séptimo día

  11. 11. Fue

  12. 12. En camino

  13. 13. Nuestra fe

  14. 14. Cuando pase el temblor

  15. 15. Ameba

  16. 16. En la ciudad de la furia

  17. 17. De música ligera

  18. 18. Persiana americana

  19. 19. Hombre al agua

  20. 20. Prófugos

Aquél fue uno de los shows más íntimos que Soda Stereo dio en su carrera, sin duda. No había vallas, guardias ni distancias. El contacto con el público no pudo ser más directo. Solo hubo música y cercanía absoluta mientras en el lugar vibraban las paredes llenas de fotos de alumnos orgullosamente graduados y quinceañeras con vestidos extravagantes, y en el ambiente se respiraba un rico olor a pan horneado que llegaba de no muy lejos.

Fue la última presentación de Soda en este paso por México y con ella cerraron un tour muy loco, pero igualmente lo celebraron como era la tradición: destapando una botella de champaña y bañando al público. El propio Wady muchos años después lo recuerda como "el mejor cierre de gira de toda mi vida".

Entre el mito y la realidad quedó atrapada aquella épica tarde de marzo. Sí, Soda Stereo llegó a un lugar que parecía muy pequeño para ellos; sí, había una panadería llamada Ángel; sí, el salón estaba diseñado para recibir bodas y fiestas de cumpleaños, y sí, una broma terminó ayudando a construir una de las leyendas más disparatadas de la escena alternativa latinoamericana. Pero también hubo boletos (entre $70 y $80), flyers sencillos, promoción en la radio y poquitos asistentes que, aunque al principio no estaban seguros de si se trataba de una broma o no, sabían que se dirigían a un lugar desconocido con muchas probabilidades de ver a su banda favorita.

Quizá por eso esta historia intriga tanto. Aunque no hayan sido exactamente los XV años de la hija de un panadero en Ecatepec, Soda Stereo sí terminó ofreciendo uno de los shows más raros de su carrera, en un escenario improbable de imaginar. Y es que, a veces, la misma realidad puede parecer más increíble que la ficción, sobre todo en nuestro México Mágico.

 

 

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