Teen Suicide ruge con su nuevo elepé, Nude descending staircase headless, con una instrumentación incómoda, cruda y sobresaliente por su fuerza directa y ese registro orgánico que le da a su alt-rock una sensibilidad muy humana, pero con un enfoque dramático y más teatral.
Son 13 canciones que se alimentan del ruido y las explosiones sorpresivas. El caos y la vulnerabilidad se funden para vestir cada pieza de tensión melódica perfectamente articulada. En ese sentido, este es un trabajo más meticuloso o cerebral, en algunas ocasiones con influencias del post-rock, y con ensambles ambiciosos que surgen de una arquitectura sonora evolucionada, aun cuando se sitúe al borde del colapso emocional.
Este disco no busca acomodarse ni complacer: se sostiene en ese filo donde todo parece a punto de romperse, pero nunca termina de caer:











