Jimi Hendrix fue un músico adelantado a su época… único e inmortal. Cuando transcurrían los sesentas él estaba consagrando su nombre, pero también ya era todo un referente con voz autorizada para hablar de sus colegas contemporáneos en la escena del rock, porque se entendía que sus recomendaciones podrían abrir nuevos universos y traer nuevas recetas a la mesa para probar otro tipo de sonidos.
Dicho esto, no debe ser tomada a la ligera aquella entrevista que otorgó a Steve Barker en 1967, en la que mencionó cuál era la banda que, en ese entonces, consideraba especial: The Byrds. El elogio que tuvo para ellos no fue menor, pues dijo que los liderados por Roger McGuinn estaban en una liga distinta a todos los demás.

Hendrix dijo que el trabajo de guitarras de The Byrds era simplemente brillante, y la manera en que electrificaban el folk estaba abriendo un camino nuevo que muy pocos artistas de esa época se estaban atreviendo a explorar. Esta fusión parecía fresca y muy audaz, desde luego, porque mezclaba ese referido folk con el rock, y al final agregaban una dosis de psicodelia que hacía aun más difícil el ejercicio de ponerle un nombre o una simple etiqueta genérica en ese entonces.
Hoy podemos decir que ambos nombres, Jimi Hendrix y The Byrds fueron actos libres y revolucionarios de la música. Ninguno buscó encajar en los convencionalismos de sus días, por el contrario, buscaron sus propias rutas sin estar seguros de si alguien más (fans y periodistas) los iban a seguir. Lo cierto es que hoy son nombres obligados para entender la historia del rock.











