La historia del rock está llena de artistas que estuvieron a punto de todo. Son muchas las historias de agrupaciones que, aun tocando la puerta correcta en el momento preciso, no terminaron de trascender y, por el contrario, se desvanecen en vinilos olvidados. Grapefruit es uno de los casos más nostálgicos y fascinantes, porque estos chicos londineses durante la recta final de los sesentas llamaron la atención de un par de nombres relevantes de aquella escena, unos tales Pacul McCartney y John Lennon, quienes además los apadrinaron.
Resulta increíble que con este dato esta banda haya quedado en el anonimato para muchas personas, pero así fue. Tal vez tuvo que ver que el auge de The Beatles estaba en su máximo esplendor, o que sus padrinos no se enfocaban del todo en los esfuerzos de estos chicos que también estaban buscando su oportunidad.
En esos días John y Paul no paraban de componer y grabar música, tampoco de viajar por todo el mundo en sus extensas giras, pero aun así, de manera paralela, fundaron su editora Apple Publishing, donde también fungían de productores y colaboradores (aunque fuera de vez en cuando). Uno de los grupos que firmaron para 1967 fue Grapefruit, precisamente, conformado por John Perry, Pete Swettenham, Bob Wale, Mick Fowler, Geoff Swettenham y George Alexander (hermano mayor de Malcom y Angus Young de AC/DC, por cierto); y fue su rico estilo pop de inclinaciones psicodélicas y melodías súper exóticas lo que determinó que obtuvieran su contrato, sin lugar a dudas.
Como Apple apenas estaba tomando vuelo, se buscó la ayuda de RCA y Equinox para editar sus primeras grabaciones, luego de que fueran bautizados por el propio John Lennon, inspirado en la obra literaria Grapefruit de su pareja, Yoko Ono.
El tema "Lullaby" fue el que los dos genios Los Escarabajos montaron para producirlo, sin saber que con el tiempo esta grabación sería una especie de culto, no solo para los seguidores de los beatles, sino de los amantes de aquellas joyas perdidas musicales que resisten al tiempo y el olvido.
Aunque lanzaron oficialmente dos discos – Around Grapefruit y Deep Water– la banda no alcanzó el reconocimiento comercial que realmente merecía. Ya lo decíamos, era difícil la competencia para entonces, con un público que, en términos generales, aún no estaba acostumbrado a indagar fuera de los reflectores del mainstream. Por eso, en 1969, Grapefruit desapareció.
Sus "homenajes" posteriores llegarían, primero, en 2007 con el rescate de sus sesiones de la BBC, Around the BBC, con 14 interpretaciones. Luego, en 2016, otros archivos fueron redescubiertos y relanzados en una compilación que fue perfecta para inducirnos al pop-rock psicodélico multicolor tan perfectamente ejecutado por el Alexander y compañía. Este lanzamiento se titula Yesterday’s Sunshine y rescató algunas grabaciones raras (incluyendo "Lullaby").
Lo anterior contribuyó un poco a que esta banda dejara de estar totalmente al margen de la historia, pero esos lanzamientos tampoco fueron una bomba mediática que digamos, ni mucho menos. Pero tal vez ahora es mejor así, que se conserve todo como una crónica nostálgica de un éxito fallido que también puede ser un recordatorio de que, aun con las mejores y más influyentes figuras de tu lado, la industria no es benévola con todos.
Podría decirse que en esta circunstancia radica su verdadero encanto: música que no estaba destinada a ser para todos. Grapefruit sabe mejor como un hallazgo, como uno de esos descubrimientos tardíos que ocurren casi por accidente. Nunca fue un nombre que se gritó, era -y es- más bien para compartirse en voz baja entre los coleccionistas más curiosos y obsesivos. Una de esas joyitas fuera de foco.











