Este es un documental hecho en 2012, dirigido por Mark Christopher Covino y Jeff Howlett, que cuenta una de esas historias que parecen imposibles pero que solo pueden pasar en la música. La película sigue el camino de Death, una banda de Detroit que hizo punk cuando el punk todavía no existía… y que fue escuchada de verdad varias décadas después.
El filme A Band Called Death se estrenó en el Los Angeles Film Festival y rápidamente se ganó el reconocimiento de la crítica, sobre todo por poner sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿cuántas historias importantes del rock se quedaron fuera del relato oficial?

La historia gira en torno a los hermanos Hackney —David, Dannis y Bobby—, hijos de un predicador baptista, que crecieron rodeados del sonido de Motown y del funk de Parliament. Como muchas bandas de aquellos días, comenzaron tocando rock y funk, pero poco a poco fueron empujando su música hacia un terreno más crudo y acelerado, influenciados por artistas como Alice Cooper y The Who. Esto los llevó a crear un sonido que hoy podemos identificar claramente como punk.
El gran obstáculo fue el mismo que terminó definiendo su leyenda: el nombre de la banda. David Hackney, líder y principal compositor, se negó rotundamente a cambiarlo, aun cuando eso significara quedarse fuera de la radio y de cualquier contrato discográfico. La banda no encajaba en la industria de los setenta, y la industria tampoco estaba lista para ellos.

Tras varios intentos fallidos, los hermanos se mudaron a Vermont, donde la banda se disolvió y cada uno siguió su propio camino musical. Pero la parte más sorprendente llega muchos años después, cuando coleccionistas de vinilos redescubren las grabaciones originales de Death. Ese hallazgo llevó al lanzamiento oficial del álbum …For the Whole World to See a través de la label Drag City, dándole a la banda el reconocimiento que nunca tuvo en su momento y permitiendo una reunión tardía para tocar en vivo ante nuevas generaciones.
Más que un documental sobre punk, este documental es una historia sobre insistir, creer en una idea hasta el final y aceptar que, a veces, el reconocimiento llega cuando menos lo esperas. Una joya imperdible para cualquier melómano con gusto por las historias que se escriben a destiempo.











